jueves, junio 19, 2014

NO es el salón de mi casa


Desde que comencé a escribir libros, hace ya un cuarto de siglo, el mundo de la literatura ha cambiado radicalmente, trágicamente.

Antes, estaban las grandes vacas sagradas. Los escritores colosales, los Miguel Ángel de  la literatura, los Vermeer de la palabra que producían un libro sensacional cada muchos años, que mimaban su libro, y vivían de su obra de arte. Eso se ha acabado.

Ahora triunfa el libro como producto de una operación de marketing, el libro de las masas, el libro que necesariamente debe ser ramplón, sencillo y sin complicaciones. Sé de varios grandes escritores de la vieja escuela, están desmoralizados, resignados ante el triunfo de la mediocridad. Escritores que han producido en el pasado obras gigantescas, pero que, hoy día, se sienten vencidos por la industria editorial que sigue dando bocanadas de ahogado intentando sobrevivir.


Internet no es la solución. El escritor profesional que hacía de la literatura su vida, necesitaba vivir de la literatura. Eso ya no es posible con Internet. Pueden escribir, pero a ratos libres, ya no como antes. Este requiem por la gran literatura es lamentable, tan lamentable como inevitable. Adiós Yourcenar, adiós a los grandes años de Umberto Eco, adiós al tiempo del primer Dragó, adiós, adiós. Viva Juego de Tronos y su equivalente literario.

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