viernes, junio 13, 2014

Sobre la no-coronación del rey seguida de la ausencia de una misa




La primera reacción instintiva que tuve al saber que no iba a haber misa de acción de gracias tras la proclamación como rey de Felipe, fue de orgullosa satisfacción. Cuanto menos se asocie a la Iglesia con una institución que se hunde como el Titanic, mejor parados saldremos.

Pero después de la satisfacción, observé en mí sentimientos de antisatisfacción, aunque sin llegar a la rabia, ni a la furia.

Esto de quitar la misa es otro avance del laicismo. La monarquía me importa un comino, pero que se dé o no gloria a Dios, no me da lo mismo; aunque sea con la excusa de una coronación o de una bendición de animales.

La misa, al fin y al cabo, era un culto público, un reconocimiento del verdadero Rey. Si Juancarlos y Felipe hubieran dicho que con misa, nadie hubiera protestado, ni el gobierno, ni las instancias legales, ni nadie. Sólo hubieran protestado los que siempre protestan, lo que siempre se quejan de todo y por todo.

Además, si le daba tanto agobio no ser rey de todos los españoles por asistir a una misa, podía haber dejado bien claro que asistiría a la misa para dar gracias a Dios, como un acto personal. Pero las gracias a Dios se dan sin esconderse. 

No son confesionales los Estados Unidos, y bien que dieron gracias a Dios en una iglesia antes del juramento presidencial Bush y otros. ¿Por eso ya no fue el presidente de todos los estadounidenses? Evidentemente, sí que lo fue.
Aquí para ser neutrales, se quita la religión de por medio. Pero, al hacer eso, ya es una toma de posición. Y la toma de posición, con la excusa de la neutralidad, es que la religión debe desaparecer de la vida pública.

Espero y confío que nuestros señores obispos nunca jamás vuelvan a colocar el asiento del rey en el presbiterio. El rey es un laico más y no debe colocarse en ese lugar sagrado. No lo hicieron sus antepasados, no lo hizo Franco, no sé por qué ahora se ha comenzado a hacer alguna que otra vez.

Juancarlos y Felipe han decidido negar al verdadero y único Rey este acto de homenaje. Algún día, no lejano, alguien del clero le podrá decir: Llora como ciudadano, lo que no defendiste como monarca.

En todos estos asuntos, la reina Isabel de Inglaterra ha sido muy categórica, dejando claro que es una monarca cristiana y que si a alguien no le gusta, que se aguante. Ella sí que ha manifestado mil veces su apoyo asistiendo a muchas más cosas de las que le hubiera tenido que asistir por puro trabajo. Aunque todo este real desplante, tampoco es que me altere lo más mínimo. Todos sabemos que la actual monarquía española es a la inglesa, lo que Galáctica fue a Star Wars.

Querido Felipe, comienzas tu reinado intentando dar gusto a aquellos a los que jamás podrás contentar. Comienzas tu reinado haciendo un desplante justamente a los pocos monárquicos tradicionales que te hubieran apoyado incondicionalmente.

Dios es Rey, también aquí en la tierra, no sólo en el cielo. Juancarlos era muy celoso en todo lo que se refería al protocolo relativo a su persona. Pero él y su hijo expresamente no han querido prestar público homenaje a Aquél del que penden todos los tronos de la tierra. Cuántos presidentes de naciones, cuantos ministros y humildes alcaldes han tenido muchos más redaños que ellos.


Aquí no está en juego la neutralidad del Estado. Aquí lo que ya se ha decidido es sacar a la religión de todo lo público. La espléndida coronación del monarca inglés será una manifestación de fe en Dios. Será una glorificación fastuosa de la fe de que es Cristo el que concede todas las coronas y todos los cetros. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada