jueves, julio 24, 2014

Dadme 100 millones de euros y un punto de apoyo, y moveré el mundo cinematográfico


Pocas cosas me gustan más en esta vida que sentarme en mi sillón favorito y ver una buena película religiosa, meterme en la película, hacer oración mientras la veo, emocionarme, soltar alguna que otra lágrima y apagar la televisión, tras hora y media, haciendo propósitos de ser mejor y secarme los restos del llanto.

Pero eso es imposible desde hace años. Las pocas películas religiosas financiadas por gente de fe, son el fruto de equipos y comisiones, cuyo resultado siempre es inevitablemente un guión mediocre compuesto de muchos términos medios.

Si las películas son malas (véase Cristiada, como ejemplo eximio), de las series de televisión es mejor no hablar (véase San Pablo de la RAI, por ejemplo). Emocionan a almas bondadosas, pero su calidad no tiene nada que ver ni siquiera con lo que normalmente vemos en el mercado de la serie B.

La mayor parte de las series religiosas de televisión son un teatrillo barato con decorados sólo un poco mejores que los del San Mateo Pasoliniano. En los últimos diez años, los santos y los beatos han ido desfilando por una pasarela de guiones pésimos tan mala, que ya he dejado escrito en mi testamento que maldeciré desde mi tumba a aquél que sugiera hacer una serie de televisión sobre mi existencia.

¿Qué solución tiene esto? Pues está clarísimo. Más claro que el agua. Hay que escoger a un gran artista y dejarle libertad. Y a lo mejor ese Miguel Ángel del 7º arte decidirá mostrarnos los últimos años de vida de un papa pecador, en vez de mostrarnos por enésima vez una versión edulcorada de cualquier beato. 

O a lo mejor en vez de mostrarnos una vida, nos muestra la última semana de vida de alguien. Yo que sé, quizá sea la última semana de vida del sacristán de la catedral de Colonia. En fin, hay mil posibilidades. Cualquier cosa mejor que lo de ahora. Porque hay películas y series en que yo me espero en cualquier momento aparecer a algún personaje de Barrio Sésamo explicándonos la diferencia entre aquí y allí.

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