jueves, julio 10, 2014

En este mundo en el que crecen los odios, los fanatismos y los futuros inquisidores, sigue sonando la música de Bach


Un lector me pasó esta foto de mí mismo. Y francamente es una instantánea fantástica. Mi rostro también hace mucho por la foto, no lo voy a negar. Hoy comparto con todos vosotros esta foto, como un tributo hacia mi humilde persona.

También os comparto hoy esta música sencillamente suprema, inimitable y perfecta de Bach, es la BWV 29. Su título es Te damos gracias, Dios, te damos gracias. Difícilmente, se le hubiera ocurrido a una mente normal, salvo que uno sea un genio, expresar el agradecimiento de un modo tan lleno de vital energía. Son tres minutos de música que roza la abstracción. De música que desciende escalonadamente por el pentagrama del modo más magistral que se puede imaginar. 

Y todo con un solo propósito: dar gracias al Creador. Todo este derroche de belleza concentrado en tres minutos sólo para transmitir a los asombrados oyentes de una iglesia esa idea en una predicación que no requiere de palabras, porque lo que se transmite es un sentimiento.
Aquí os dejo la música:


Sea dicho de paso, he escuchado tres versiones de esta misma obra. Parece increíble lo diferente que puede sonar la misma música en manos de un director y de otro. Predicamos el mismo Evangelio, y qué diferente suena en la boca de un predicador y de otro.

A título informativo os paso las tres versiones.

La primera que escuché fue la de Hannocourt. Está bien, pero excesivamente lenta:

La segunda versión que escuche tiene un tempo más adecuado, pero no tiene la sonoridad de la tercera versión. Tiene varios fallos en la ejecución. Perdonables por ser una obra en vivo:

Y por fin, la mejor versión la de Herreweghe, simplemente perfecta:

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada