sábado, julio 05, 2014

La menorah y el culto cristiano: II parte


(Sigue de ayer.) Mientras que lo que sí que se pierde en la noche de los primeros siglos de la Iglesia es el uso del Cirio Pascual en las iglesias. En cuanto a velas y candelabros, el símbolo cristiano por excelencia es ese santo cirio. Pero no la menorá, que hubiera sido vista por los primeros cristianos como un deseo de repetir una ley cultual abrogada.

Por eso, basados en el simbolismo implícito que tienen los objetos cultuales, yo animaría más a realzar el Cirio Pascual como símbolo de Cristo. Mejor que hacer presente la menorá en nuestras iglesias, la cual se convertiría en un símbolo de la espera de Cristo. Un símbolo de la espera del octavo día de la Resurrección, octavo día que es el domingo.

En la penumbra de la iglesia, a las horas en que no hay ningún acto litúrgico, la belleza del cirio luciendo en lo alto del presbiterio es un símbolo específicamente cristiano.

Es más, nada impide tampoco mantener las velas del altar encendidas incluso fuera de los actos litúrgicos. Tampoco está prohibido colocar seis lámparas de aceite sobre los manteles del altar. Hay lámparas muy bonitas de cristal. Esas lámparas pueden lucir sobre el altar todo el día, o desde el crepúsculo. 

Incluso estas lámparas pueden colocarse en lo alto de seis anchos candelabros. Pero lo lógico es colocar las velas o las lámparas encima del altar. Porque el altar pasa a ser el centro del presbiterio. Sean lámparas, sean velas, ellas son ornato de esa piedra angular que es el altar, el cual representa a Cristo. (Seguirá mañana.)

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