martes, julio 08, 2014

La menorah y el culto cristiano: V y última parte


Si decidiéramos incluir la menorá en la liturgia cristiana, sería una introducción novedosa, no una restauración de algo primitivo. Ya que en la liturgia de la Nueva Alianza nunca ha estado presente. Pero si decidiéramos hacerlo, ¿por qué no incluir también el altar de los perfumes? ¿Por qué no la mesa de los panes de la proposición? Y así un largo etcétera.

El Libro del Éxodo y el Levítico son fuente de comprensión para el culto cristiano. En ellos, vemos simbolizada la liturgia de la Iglesia. El conocimiento de lo que fue el sacerdocio aarónico es fuente vivificadora de la liturgia cristiana. En verdad que, en cierto modo, nos podemos sentir los presbíteros como continuadores y herederos de los levitas. Pero sólo en cierto modo, porque son dos sacerdocios. Si intentamos reproducir ese culto abrogado, deberíamos antes preguntarnos por qué Dios hizo una nueva alianza. ¿Por qué no bastaba la antigua? ¿Por qué no simplemente ampliar o perfeccionar la antigua?

Todos estos pensamientos no se deben a que desprecie el candelabro de los siete brazos. Todo lo contrario. Precisamente porque me tomo muy en serio su simbolismo, es por lo que he escrito estas líneas.

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