viernes, julio 25, 2014

¿Sospecha de alguien? No, por supuesto que no.



















He visto la caída del cardenal Santos Abril. Para mis dos o tres lectores que no estén al tanto del mundillo clerical, les digo que ese cardenal es el enviado papal para investigar una diócesis de Paraguay. Para el resto de mis lectores, canónigos, monjas, arciprestes, numerarios y gente así, el cardenal es bien conocido y sobran presentaciones.


La caída me ha provocado una cierta decepción. Literariamente hubiera sido mucho más interesante un envenenamiento. No sé, algo que hubiera dado lugar al envío de un inquisidor pontificio con soldados. La intervención del brazo secular, conspiraciones, oscuras conjuras a tres o incluso cuatro bandas. Pero todo se ha quedado en una mera bajada de tensión. Banal, todo muy banal.

Después está la caída. Muy mal. ¡Muy mal! Tampoco esperaba una caída como la de Juanita en Topaz (Hitchock 1969). Juanita cae asesinada desde los brazos del revolucionario cubano vista desde un plano cenital, con todo el vuelo de su falda expandiéndose magistralmente (casi de un modo líquido) sobre la cuadrícula de mármol que forma el suelo.

Caída hitchcockniana en este momento exacto de la película: 1h 22min 05sec:

No, no esperaba eso. Pero francamente tampoco me esperaba que ese cardenal cayera como el tronco de un vulgar pino.

Eso sí, en favor del cardenal debo decir que antes de impactar con el suelo no mueve ni un solo músculo de la cara. Aparece impasible, como si el hecho de que el suelo que se acercaba a velocidad creciente no tuviera nada que ver con él. 

Por favor, no veáis en todo esto ninguna alegoría eclesial, ni ningún sarcasmo vaticano. Leed mis palabras, si podéis, con toda la sencillez propia del que careciera de conocimiento alguno del mundillo romano.

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