viernes, agosto 08, 2014

El oficiio divino, un magno trabajo sacerdotal para santificar las horas


Los que rezamos el oficio divino cada día, tenemos que buscar medios para renovar el entusiasmo de este tiempo de oración. Hoy he rezado la hora nona y el oficio de lecturas paseando por mi casa. La configuración de mi pequeño piso de dos habitaciones permite recorrerlo formando un círculo. Antes de comenzar el oficio me he vestido con mi sotana y me he colocado la estola de mi ordenación. Como es agosto, pensé que iba a pasar mucho calor con mi hábito talar, pero no, no he pasado nada de calor.

Mientras escuchaba los salmos y las plegarias, tenía de fondo, muy bajito, cantos gregorianos de la abadía de Silos. Cada vez que comenzaba un nuevo salmo, me santiguaba con agua bendita de un bonito recipiente que tenía sobre la mesa. Lo hacía pidiendo al Señor que me purificara. Hoy es viernes y es un día penitencial.

Sin salir de la concentración del salmo que escuchaba, me hacía la  señal de la cruz en la frente, el corazón y los labios con esa agua sagrada.

Con todas estas cosas, he rezado de forma mucho más devota que otros días. He compartido esto con vosotros, porque hay sacerdotes que leerán esto y les puede servir para hacer ellos otras cosas (no necesariamente las que digo) que les lleven a rezar las horas canónicas con renovada devoción.

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