martes, agosto 05, 2014

El pobre religioso

Un escritor en sus novelas siempre piensa en situaciones que resulten interesantes e incluso apasionantes. Una de esas situaciones que no hubiera desmerecido en ningún libro, es la situación de un Ejecutivo que se plantea si repatriar o no a un religioso infectado de Ébola.

Guardo en mi augustísimo pecho cuál hubiera sido mi decisión. Pero me gustaría analizar un momento los elementos a favor y en contra.

Razones en contra de la repatriación.

-El coste de un avión preparado para llevar enfermos de este tipo. Además del coste de aislar toda una zona de un hospital y un largo etcétera de extras que no voy a enumerar.

-El peligro de que el virus por un error salga de la zona de aislamiento. Estas cosas no pueden suceder, hasta que suceden. ¿Un Ejecutivo puede poner sobre sus espaldas la responsabilidad de traer la cepa del virus a un país? Si se expande, quizá se controle. Pero si no se controla, ¿cuántas muertes provocaría?

-Si se trae a estos infectados, ¿Por qué no a los cuatro próximos? ¿Y a los siguientes veinte?

Razones a favor de traerlo:

-Se gasta mucho más dinero en tonterías monumentales. Ésta es una manera mejor de gastar el dinero que la mayoría de partidas políticas que no nos enteramos que existen. Si se gastaron más dinero en la horrible decoración ultramoderna de una cúpula en no sé qué país, mejor es gastarlo en esto. Ahora no recuerdo la factura, pero fue de las que hacen historia.

-El lugar adonde iban a trasladar a estos religiosos debe ser lo más parecido al infierno sobre la tierra. Es posible que sea un lugar con camas y más camas de gente en un edificio de apariencia desierta, un lugar que parezca estar sin médicos, sin nadie que les proporcione comida. Sólo, de vez en cuando, enfermeros enfundados como astronautas para retirar muertos y proporcionar algún alimento al que se vea que tiene fuerzas para comer, pero sin insistir con los que ya están muy débiles. Y por supuesto sin poder limpiar las diarreas continuas. Probablemente es así. Quizá mejor, quizá peor. Desde luego allí no va a entrar ninguna cámara.

Como se ve, hay razones a favor y en contra. Bueno, qué caramba, ya no me lo guardo en mi angusto pecho, os digo lo que yo haría: yo lo traería. Total, por dinero no hay problema. Se lo gastarán en cocktails de alguna embajada. Y por riesgo de que se escape tampoco, porque no se trata de un riesgo notable. Y si hay más contagiados en el futuro en el extranjero, que los habrá, no pasa nada: los políticos ya se habrán hecho la foto, que es lo que importa, y entonces sí que se podrá decir que no se puede, que se cierra el grifo.

Ahora bien, el riesgo de que se escape el virus, aunque pequeño, existe. Vaya que si existe. Hay hospitales en Estados Unidos que han usado todos los medios posibles, medios excepcionales, para que no escapara de la habitación de un paciente una bacteria grammanegativa, y al final se les ha extendido por todo el hospital. Después dicen que no saben cómo ha podido ocurrir. Siempre todo es completamente seguro, hasta que salen en la tele diciendo: pues no sabemos cómo ha pasado.

Esto es un asunto delicado. Aunque yo ya he dicho que lo traería. Lo-tra-e-ría. Lo dejo bien claro. No quiero que penséis que soy una especie de Hitler o de Jack el destripador. Mañana el post tratará de si podemos traer a un zombie de los de la Guerra Z.

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