jueves, agosto 21, 2014

No epilogue today


Hoy ha muerto un joven de 28 años al que ayer le cayó parte del recubrimiento de un balcón que se desprendió de un edificio en Madrid, en el barrio de Argüelles.

Para él, ya no tiene ningún interés el avance yihadista en Irak, los avances económicos del PIB chino, el crecimiento demográfico musulmán, la crisis económica de Europa.

Ese joven podría haber leído Sinuhé, el egipcio, podría haber leído La Guerra Judaica de Flavio Josefo, podría haber visto por segunda vez La Duda, como hice yo ayer. Pero ya no podrá leer esos libros, ni ver las futuras obras maestras que surjan en los próximos años.

Le cayó encima todo ese cemento y ladrillos a las 20:00 horas. Si por razones como el viento de hace unos meses o la humedad del invierno hubiera caído todo eso una hora antes o una hora después, el joven seguiría inmerso en este mundo, con sus problemas, sus agobios, sus pequeñas alegrías, sus vacaciones deseadas para el próximo verano.

Borges diría que ha sido liberado. En el teatro del mundo, explicaría Calderón de la Barca, ese joven de Argüelles recibió un papel corto. Los hermanos Wachosky no tendrían la menor duda de que Matrix controló hasta el modo en que bailaron en el aire los fragmentos constructivos en su recorrido desde el punto A al punto B.


No sé, hoy no ha epílogo, ni conclusión, ni siquiera un apéndice enigmático. Sigo inmerso en la nube recorrida por bolas de nieve crecientes en las que se hallaba el joven de Argüelles. Sigo andando en un atlas recorrido por millones de bolas que van del punto A al punto B. Creo conocer algo de la programación que rige los desplazamientos de esas bolas de distintos tamaños, así como el crecimiento de las bolas de nieve.

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