viernes, agosto 01, 2014

Pensamientos de un escritor


Veo con alegría que la publicación digital de mis libros cuenta con números razonables de descargas. Una y otra vez, uno se pregunta si el tiempo que uno emplea en su escritura, justifica las horas empleadas. Tiempo dedicado a un trabajo y número de lectores son dos elementos que van unidos inevitablemente. Uno no trabajaría tantos meses en escribir un libro para que lo leyeran sólo un centenar de personas.

Feliz el escritor que cuando escribe sabe que tiene asegurados diez mil lectores. Desgraciadamente, en nuestra época eso es algo con lo que muy pocos colegas míos pueden contar.

Una edición normal es de 2000 o 3000 ejemplares. Uno de mis libros ha tenido centenares de miles de lectores, Summa Daemoniaca. Me resulta difícil comprender cómo un libro muy superior como Historia del Mundo Angélico no ha llegado a tener la popularidad del otro título. Es un libro más teológicamente más profundo, realizado con el mayor conocimiento que han dado el paso del tiempo, incluso su lectura es literariamente más interesante. 

Y, sin embargo, no he logrado que el libro arañar ni un 10% de los lectores del otro título. Aunque no me puedo quejar 700 personas han descargado el libro en los últimos tres meses, no tengo los datos de los meses anteriores. Y eso es un número, digamos fijo, después de su publicación hace ya un par de años. Los números nos preocupan a los escritores. Escribimos para los lectores.
Ahora que estoy inmerso en un libro que me llevará medio año como mínimo, el pensar en una gran cantidad trabajo para beneficio de pocos lectores, es algo que desanima.

Pero me animo pensando que los libros reviven. Tienen su vida, sus estados de vida latente, sus primaveras futuras. Pero para ello es necesario que sea un buen libro. Sólo resucitan los libros de gran calidad. Los malos cuando mueren, no se levantan de nuevo.


Ahora estoy leyendo Sinuhé el Egipcio. El libro se sostiene por sí mismo, pase el tiempo que pase. Escribir, qué pasión, es tormento y éxtasis; en mi caso poco tormento, todo sea dicho. 

No creo ser nada. Es más, estoy seguro de no ser nada. Pero sí que es cierto que mi mundo, desde hace más de veinte años, es un mundo de libros. Hago excursiones en el mundo de los libros. Tengo mis vacaciones en ese atlas. Pero, al final, otros se aprovecharán de mis desvelos y otros andarán por los caminos y regiones que yo anduve en mi mente.

Mis libros:

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