viernes, agosto 08, 2014

Último post sobre la menorah

(Continúa el post de ayer.)
¿Por qué hay que cambiarlos de forma? Porque tiene que quedar claro que el nuestro es un nuevo sacerdocio y un nuevo culto. De lo contrario, si los elementos fueran idénticos, daría la sensación de que hay una continuidad del sacerdocio abrogado, y no una ruptura. 

Si no hubiera habido una ruptura, lo ideal sería hacer una iglesia con las dimensiones exactas del templo de Jerusalén, reproducir el ajuar de la Tienda de la Reunión, reproducir el Altar de Bronce con sus dimensiones exactas y con los mismos materiales, etc, etc.

Pero, por el contrario, vemos que los primeros cristianos, tanto en oriente como en occidente, tanto en África como en la Galia, aun conociendo los textos levíticos, tuvieron una expresa voluntad de no reproducir la materialidad de esos elementos. 

Peor todavía cuando un cristiano (y de eso he sido testigo) se coloca para orar una kipá sobre la cabeza y un manto de oración. ¿Llevaban esos dos elementos los judíos de la época de Jesús? ¿No estarán esas personas repitiendo elementos judaicos medievales? ¿Estaríamos volviendo a los orígenes más puros del cristianismo, si algunos feligreses comenzaran a atarse correas de cuero en los brazos, y se bambolearan hacia delante y hacia atrás al orar, etc? La respuesta es no.


Los símbolos levíticos que son figura del nuevo culto, son bienvenidos en el culto cristiano si son transformados de manera sabia. Normalmente no hay que darle muchas vueltas a como hacer esto, veinte siglos de tradición litúrgica ya se han encargado de esta labor bajo la acción del Espíritu Santo. Pero las réplicas exactas de elementos judaicos que, además, en no pocos casos, son tradiciones europeas muy posteriores, no son bienvenidas, porque suponen una distorsión. Son una distorsión litúrgica en la tradición. 

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