lunes, agosto 25, 2014

Un trabajo impecable de dibujo



















Hoy he grabado una conferencia para sacerdotes de Estados Unidos que se reunirán en Los Ángeles dentro de una semana. Hablar en inglés siempre supone una disminución de la calidad de lo que digo. Pero así son las cosas.

Después, me he dedicado a incorporar las correcciones que me ha hecho un amable filólogo de Colombia para mi primera edición en España de Historia del Mundo Angélico.

Si hay algo que abomino es coger una lista de correcciones e pasarlas a una obra mía. Es una labor tediosa que me produce muchísimo fastidio. Aun así, necesaria.

Cierto que podría dejar que los correctores hicieran esa tarea. Pero suelo disentir de muchas de sus correcciones. Muchas de sus indicaciones son totalmente acertadas. Pero otras son opinables. Y entre las opinables, hay siempre una buena parte con la que concuerdo. El resultado es que tengo que hacer con mis propias manos esta tarea de buscar frase por frase, valorar la corrección y decidir. Cuando son unas doscientas o cuatrocientas las frases, creedme, es para perder la paciencia cada media hora.

Además, la colocación de las comas es uno de los misterios no resueltos en mi vida. La colocación de las comas es el enemigo natural de todo escritor.

Ahora, después de la misa en el convento recordando la memoria del rey Luís de Francia, he cenado y estoy escribiendo este post. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada