miércoles, septiembre 17, 2014

El referendum escocés


No sentía ningún interés por escribir un post acerca del referéndum de independencia escocés. Pero, finalmente, me he animado a hacer algunas consideraciones a mis queridos lectores. Consideraciones muy breves, porque no pretendo redactar un extenso artículo.

¿Realmente es deseable que el siglo XXI sea el siglo de la cantonalización de Europa? ¿De verdad obtendríamos algún beneficio de la fragmentación de las grandes unidades continentales? ¿Europa, nuestra querida Europa, estaría mejor organizada si cinco grandes estados dieran lugar a una veintena de naciones?

El argumento de que en la democracia debe respetarse la voluntad popular, me parece verdadero. Siempre es mejor resolver la divergencia de opiniones con los votos que con lanzas y arqueros. No somos trogloditas. La civilización lleva a la democracia. Y los referéndum son expresión de la democracia. La alternativa son los arqueros antes mencionados.

Ahora bien, es cierto que si este argumento de la voluntad popular es verdadero, nada le impide al Valle de Arán hacer un referéndum y obtener la independencia si gana esa opción. Tampoco habría ya ninguna razón para que se independizasen la provincia de Tarragona o algunas comarcas. ¿Por qué una provincia gozaría del derecho a la autodeterminación y una comarca no?

Se supone que el sentido común se impondrá y todo el mundo entenderá que este proceso tiene un límite. ¿Pero y si en una situación de bancarrota del nuevo estado muchas comarcas optaran por la total soberanía?
No debemos olvidar que los estados actuales son divisiones organizativas. No está escrito en ningún reglamento celestial que Suiza no hubiera podido ser una provincia francesa, que Portugal no hubiera podido unirse a la corona hispana, o que Noruega y Suecia no hubieran podido formar un solo estado.
Esas divisiones o la ausencia de ellas se formaron por razones históricas (normalmente la codicia de las casas reales), pero hoy día son divisiones organizativas. Sin duda, hay un ámbito natural que es la ciudad y otro el del estado, habiendo un tercer ámbito organizativo intermedio en todos los países y que recibe distintos nombres: comunidad, land, cantón, etc. Resulta un hecho objetivo el que surgen muchas ventajas si centralizamos competencias y servicios de varios ámbitos intermedios en un solo estado.
No voy a hacer la lista de en qué ámbitos resulta beneficiosa esa centralización, pero son muchos: investigación policial, defensa, fondos bancarios de reserva, etc. La independencia puede ser muy deseable para muchas personas, pero indudablemente resulta beneficiosa esa centralización o, al menos, la coordinación central de ciertos servicios.
Yo estoy a favor de los referéndums y de que se respete la voluntad popular. La alternativa es la represión. Además, a los que estén por esa opción les puedo asegurar que la represión de un 51% de la población resulta imposible.

Pero estando a favor de esos referéndums y de que se respete la voluntad popular, hay que preguntarse si estamos caminando en la dirección adecuada. En mi juventud estaba seguro de que el futuro significaría el triunfo de la razón. Pero observo que cada vez más vamos desviándonos de la regla de la razón en favor de otros criterios. El problema es que en este campo en concreto el camino es muy peligroso porque puede dar lugar a un proceso sin fin en Europa. Todas las unidades estatales europeas se pueden cuestionar. Todas las provincias ricas pueden pedir la independencia respecto a las zonas pobres. El proceso afecta a los países y, después, a la misma razón de ser de la Unión Europea.

En un primer momento puede dar la impresión de que las zonas ricas que se independicen vivirán mejor. Pero es un error. A largo plazo, la división empobrece a todos. La medievalización del mapa europeo es justo lo contrario de la globalización.

Digámoslo de otra manera: ¿Qué ventajas me vienen de usar varias monedas regionales, fluctuantes y débiles frente a usar un euro fuerte y estable? ¿De qué ventajas voy a disfrutar por el hecho de que mi marco organizativo, legal, de servicios, se acabe en un entorno cercano en vez de en un estado más grande o, incluso, en un continente? Indudablemente, no voy a disfrutar de ninguna ventaja, la fragmentación del marco organizativo amplio sólo conlleva inconvenientes.

Ahora bien, me reafirmo en lo dicho. Si el 51% de una población vota por la independencia, no se puede mantener a esa población a la fuerza en una nación. Debemos entendernos todos, debemos comprendernos todos y eso significa aceptar el respeto a la voluntad popular y no escoger el camino de la represión.


Las desventajas de romper una gran unidad organizativa son menores que las de mantener esa unidad a costa de la represión del 51% de la población de una región. Eso también es un hecho objetivo. Ruego a Dios, sinceramente lo digo, que reine el buen sentido entre las dos partes que sostienen opiniones diversas. Si se produce un choque locomotoras, el que sufrirá será el Pueblo, personas concretas.

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