lunes, septiembre 01, 2014

Mis queridos lectores



















Lo del índice de ayer, para mí fue muy importante. Fue como ver todo el trabajo de mi vida de un solo golpe de vista. Como subir a una montaña y verlo todo desde lo alto. Puede parecer que no es algo tan difícil hacerse una idea de los propios libros. Pero os puedo asegurar que siempre me faltaba tiempo para subir a la montaña. Sí, no me había detenido a sentarme y contemplar el trabajo de una vida.

Esa falta de visión de conjunto, en parte se debe a que en lo que había trabajado hace unos años era en el índice de todas mis obras no publicadas. Y ese índice contiene muchas obras menores, opúsculos, cuadernos de notas, relatos breves y novelas no publicadas que hacían mucho más complicado tener esa idea de conjunto. 

Obras importantes sin publicar me quedarán unas seis que siguen durmiendo en mi cajón del escritorio; es un decir porque todo está en el ordenador. Y después hay un gran bloque de obras en espera de su fusión y refundición. Un complicado proceso de abreviación y remodelación.

Pero el índice de lo publicado me ha hecho ver las cosas con más claridad. Agradezco a todos los lectores que tengo su amabilidad y cariño. Creo que Pedro de Valladolid os ha ganado a todos y merece el título de Primus Phorteologus.

No debo dejar de citar a María Catalina, a Anxelina y un gran lector anónimo. Anxelina, ya que me dices que lo has analizado con tus alumnos, debo decirte que la versión que aparece en el link mío de descarga, es una versión corregida de erratas en sus dos terceras partes. Esta semana espero acabar la corrección.

También me dio mucha alegría poder disponer finalmente de un lugar propio donde poder poner mis obras directamente a disposición de mis lectores. Los sistemas anteriores dependían de otras webs  y requerían el concurso de informáticos. Si yo revisaba una obra y hacía cambios, tenía que molestar a otras personas para hacer los cambios. Ahora eso ha cambiado y, encima, me encanta la presentación que tiene el sitio.

Queridos lectores, os aseguro que os quiero. No os conozco y, sin embargo, me gustaría charlar con vosotros, dar un paseo. Ver el rostro desconocido del que se inclina a leer mi página. 

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