viernes, septiembre 05, 2014

Soy un hombre de paz


Hay veces que contra la violencia, no se puede responder con la diplomacia. Hay ocasiones en que la violencia sólo se puede contener con la violencia. La vida humana es algo tan sagrado que para defenderla, hay ocasiones, en que hay que quitar la vida al que está matando.

El mandato divino de NO MATARÁS nos obliga a quitar la vida a los asesinos del nuevo califato islámico de Irak. El espíritu de ese mandato nos obliga a preservar la vida matando.

La Iglesia siempre ha defendido la guerra justa. No hacer la guerra puede llegar a ser una injusticia, un pecado gravísimo contra Dios.

¿Por qué no están actuando YA Europa y Estados Unidos? ¿Por qué siguen aplicando medidas menores? Ante Dios no vale ampararse con que en este caso debería ser Irak el que hiciera las cosas. Ante la enormidad de las cosas que están sucediendo, no vale excusarse con que intervenir cuesta tanto o cuanto. Ningún precio es caro para detener a esos millares de lobos sedientos de sangre. Si no intervenimos ahora, después nos costará más.

Occidente, porque no has usado tu poder para hacer el bien, se te va a retirar el cetro. Si hubieras buscado el agradecimiento de Dios, otra hubiera sido la historia.

Pero todavía confío en que la presión pública obligue a nuestros indignos dirigentes a hacer lo que habría que haber hecho hace mucho tiempo y con mucho menos esfuerzo. Ese califato islámico debe ser borrado del mapa terráqueo. Y si para rectificar la historia hay que pagar un precio de sangre y fuego, lo pagaremos con gusto. 

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