jueves, septiembre 04, 2014

Vamos a acabar privatizando hasta los bosques


Una de las máximas que, hoy día, muchos consideran como indudable, es que siempre es preferible la privatización. Se piensa que el Estado siempre gestionará peor un servicio que una empresa privada. Esto es un error.
Hay sectores en los que funciona mejor la empresa privada y debe primar la libertad. Y hay otros sectores en los que funciona mejor la empresa pública y debe primar la organización centralizada.

Ya he dicho en anteriores posts que el Estado nunca debería haber privatizado en España sectores como el suministro de agua y la electricidad, la telefonía, Internet, las gasolineras y el gas.

Tener Internet y teléfono tiene un coste fijo. Ahora con la excusa de que haya competencia, pagamos ese coste fijo, la publicidad y los sueldos de los jefes. Cuando usted paga sus gastos de teléfono móvil o de Internet se quedaría sorprendido si supiera lo poco que cuestan esos servicios en sí mismos. Usted está pagando el envoltorio, los colorines, los anuncios de televisión. El 90% del precio es el envoltorio y el lazo. Pero premeditadamente los políticos privatizaron ese sector contra el bien público, porque sabían que iban a ganar mucho dinero. Como así fue y sigue siendo.

Pues bien, un sector público bien organizado al servicio del bien común serviría para reducir  al menos algo la tasa de paro, serviría para prestar servicios para bien de la sociedad. Es cierto que muchas veces el sector público ha estado mal organizado y no ha estado al servicio del bien común. Pero eso podría haber sido de otra manera. El problema ha estado en los políticos, no en el sector público. La solución no estaba en privatizar, sino en despedir a los políticos.

Con seis millones de parados en España en 2014, se podría organizar un sector público que verdaderamente sirviera a la sociedad: ayuda a personas ancianas, asistencia a discapacitados, limpieza de las ciudades y del campo, rehabilitación de barrios degradados, vigilancia de las calles, etc, etc, etc.
Hay muchas actividades que nunca serán comerciales, pero que suponen un bien para la sociedad. Organizar un buen sector público al estilo de un gran New Deal no sería imposible.

Lo que pasa es que en los pasados años esto ha sido un desastre, como se ve por el proceso a las ayudas de la Junta de Andalucía, por poner sólo un ejemplo. Además de que ha faltado la concepción global de un New Deal. Convirtiéndose muchas veces el sector público en algo ineficiente e hinchado en personal para nada.


Pero los culpables han sido los políticos, los po-lí-ti-cos, no el sector público. Claro que aquí nos hubiera hecho falta un Roosevelt. Pero tampoco veo que la población española (bastante entontecida a nivel general) hubiera votado al hombre adecuado. Probablemente votará al hombre equivocado con el programa más funesto.

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