martes, octubre 07, 2014

Cada Papa tiene su mirada




































Ya he hablado en pasados posts, en varios, acerca de los últimos sumos pontífices, pero me gustaría añadir unas pinceladas más en razón de estas fotos. No me voy a repetir respecto a lo que ya he escrito, van a ser añadiduras.


Esta mirada de Juan Pablo II en la foto le define plenamente. Es una mirada inteligente. Su cultura teológica era vasta y de gran calidad. Pero su mirada no es la de un hombre de biblioteca, es la mirada de un general: analiza, evalúa a los hombres, sabe trazar planes para ganar batallas eclesiales sin prisa. Detrás de esa mirada se aprecia una voluntad de acero que puede atravesar mares y montañas. Se nota que no le va a vacilar la mano a la hora de tomar decisiones.

Detrás de la mirada de Benedicto XVI, vemos un hombre frágil. Siempre dio esa impresión, incluso como joven obispo. Se nota que es tímido, que le cuesta abordar a la multitud. Si Juan Pablo II es un general romano que gallardamente pasa revista a las cohortes, Benedicto es un Papa amante de los libros, gustoso de tomar un té con pastas en un entorno tranquilo, rodeado de amigos. Benedicto es un hombre que escucha, que sabe disfrutar de un paseo por el jardín. Benedicto a diferencia de Juan Pablo es un hombre de serenidades, no de vehemencias.

Benedicto sí que es un teólogo profesional, una mente habituada a discurrir por los caminos del entendimiento humano. Si hubiera sido emperador romano, hubiera tenido reuniones con sus generales, senadores y tribunos, pero hubiera dejado hacer. Y, desde luego, nunca se hubiera precipitado, siempre hubiera buscado la serena decisión justa. Aun desesperando a unos por sus esperas, y a otros por sus aparentes decisiones tibias.

La mirada del Papa Francisco refleja sencillez y bondad. No es el brillo férreo de la mirada del general de acero, no es la luz de inteligencia que brillaba en los ojos del Papa-teólogo. Los ojos del Papa Francisco son los más transparentes de los tres, diáfanos, llenos de bondad: él busca el amor.

En los ojos del primero vemos los ojos del acostumbrado a batallas, le hubiera encarnado en la pantalla magníficamente el Rex Harrison de Cleopatra. Los ojos del segundo eran los ojos acostumbrados a un mundo de arquitecturas teológicas, le hubiera encarnado muy bien un sereno John Gielgud. Los ojos del Papa Francisco llevan años dedicados a los seres humanos concretos sin planes ni libros. Honestamente, no tengo claro cual sería el mejor actor para representarlo en la pantalla, lo digo sinceramente. Anthony Quinn (en Las sandalias del pescador) tiene algo de esa mirada humana, sensible, pero no refleja ni la alegría, ni la vitalidad, ni la espontaneidad de nuestro actual pontífice.

A mí me gustan los tres Papas. Si tuviera que decirme por uno, estaría en un brete. Pero me parece que el hombre de más oración y mortificación era Juan Pablo II. La profundidad de su alma era insondable. Soy devoto de él. Sin embargo, mi vida y carácter se parecen muchísimo a los de Benedicto, aunque yo ejerza en un puesto incomparablemente más humilde de la Iglesia. Pero si tuviera que pasar un rato agradable charlando o de viaje, sin duda, de los tres escogería al Papa Francisco, aunque no fuera Papa, aunque fuera un simple sacerdote. Sí, como amigo, Francisco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada