jueves, octubre 23, 2014

De lo bueno, lo malo, lo abominable y lo comprensible


Sigo con mis consideraciones acerca del post de ayer sobre la homosexualidad. La doctrina ha sido dejada clara. La doctrina ha sido repetida, remarcada, profundizada y recordada una y otra vez. ¿No habrá llegado el momento de fijarnos en otros aspectos? ¿Existe el verdadero amor entre homosexuales? ¿Tiene algún valor la fidelidad entre ellos? ¿Da lo mismo la promiscuidad que la unión en el cariño entre gays?

Creo que son muchos los católicos que, de buena fe, creen sentirse en la obligación moral de responder a todo con un NO absoluto. Como si ese campo fuera el único campo en el que no caben matices, el único campo en el que nada bueno puede crecer.

Hace dos siglos, nuestra práctica ecuménica hubiera sido vista como una traición a la ortodoxia. Hoy día sabemos que eso no es así. Podemos ser ecuménicos y no traicionar la sagrada tradición que hemos recibido. Estoy convencido de que debemos empeñarnos en un esfuerzo para lograr un abrazo universal a todos sin negar la doctrina. Al final, todo se reduce a algo muy sencillo: la Iglesia que enseña pero que abraza a todos.

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