jueves, octubre 30, 2014

El dulce Cristo en la tierra


En todo este proceso de reflexión sinodal nada ha habido de malo. Aunque donde de verdad se cortará el bacalao, si se me permite la expresión, será en la mesa de los teólogos. Es decir, serán las grandes mentes teológicas las que profundizarán en la fe, en esas líneas divisorias, en las fronteras, entre lo lícito y lo ilícito.

El Papa ha lanzado el impulso, los obispos determinarán líneas pastorales, pero será labor de los próximos años el hacer, sin prisa, una gran reflexión teológica sobre los puntos suscitados.


Yo estoy con el Papa en lo que ha dicho, en lo que ha sugerido; en lo que ha dicho y en lo que intuimos que nos quiere decir. El Espíritu nos obliga a entornar los ojos para atisbar que hay algo más en el horizonte. A mi entender, es el Espíritu el que nos está guiando a través del Papa. 

La diferencia de opiniones, el contraste razonado de posiciones, no me parecen mal. Pero qué triste es cuando alguien va más allá de las razones y descalifica al otro.

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