miércoles, octubre 08, 2014

La serie El Cardenal Tarancón o el encanto de lo políticamente correcto



















Hoy he visto un trocito de la serie Tarancón. Todas las demasiadas horas que dura esa serie se resumen en darle vueltas, una y otra vez, cansina, machaconamente, a la típica confrontación entre iglesia progresista e iglesia conservadora.

Los guionistas llegaron a la conclusión de que una vez que tienes esa idea central, sólo necesitas un par de bidones de tópicos para echarlos encima.
Lo interesante es que ese sermón sobre la iglesia progresista lo hemos pagado entre todos. Ya en vida, Tarancón fue una figura muy contestada. Después, el Tiempo se encargó de empequeñecer cada vez más su figura. Sólo hay que leer sus memorias, publicadas poco después de morir, para darse cuenta hasta qué punto él mismo se dio cuenta de todos sus propios puntos débiles.

Por eso, me parece inaceptable que nuestro querido PP (al que ya nunca volveremos a votar) haya pagado tres millones de euros para producir este sermón sobre la religión que no aceptamos muchos ciudadanos y que tenemos todo el derecho a que no se pague con nuestro dinero. Los poderes públicos no pueden producir este tipo de productos que atentan contra los modos lícitos de pensar de parte de los contribuyentes.


¿Aceptaríamos una serie contra el budismo pagada por la televisión pública? ¿Por qué tenemos que aceptar que nos quieran imponer una visión acerca de cómo tiene que ser la Iglesia? El Estado, una vez más, nos adoctrina: iglesia buena, iglesia mala, obispos progresistas, obispos inquisidores. Amos, hombre, como si fuéramos críos.

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