lunes, octubre 13, 2014

Pasó mi cumpleaños





























Tomar un té con pastas, dar un paseo por un bosque, apoyar la cabeza en el sillón mientras uno escucha a Bach con los ojos cerrados, ser invitado a una comida en un buen restaurante, preparar una cena para un selecto grupo de amigos con los que quiero pasar unas horas agradables. Todas estas cosas son las que valen la pena. El resto son espejismos.

 Después está la faceta del alma, de la cual no me gusta hablar. Cada uno tiene su intimidad. No meto a todo el mundo en el santuario de mi alma. Santuario, por otra parte, eso sí que no me importa decirlo, en el que reina una gran placidez. Dios me ha dado el don de la paz. Y el de la felicidad. No me importa que parezca que peco de presuntuoso.Soy feliz y sólo querría la perpetuación de esta maravillosa rutina que es mi vida.

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