domingo, octubre 19, 2014

Sigo con los pensamientos del post de ayer


Curiosamente, era al final de día cuando solía dedicar unos minutos a este recorrido mental, al acostarme, en la oscuridad y silencio de mi habitación. (Hablo de mi libro Neovaticano.) Era entonces, dentro de mi cama, con los ojos cerrados y mi cabeza sobre la almohada, cuando me internaba en el edificio, cuando resolvía los problemas prácticos que mi misma creación me planteaba. Un edificio cuya naturaleza me llegó a plantear ciertos interrogantes teológicos, porque ese edificio suponía toda una concepción eclesiológica.

En una fase posterior, a la que llegué varios años después de empezar a acumular anotaciones, me di cuenta de las implicaciones filosóficas del edificio descrito. Esta obra arquitectónica me llevó a releer las tesis del idealismo hegeliano. Ahora, ya por fin, descanso satisfecho: la obra está acabada. Otros han levantado catedrales y basílicas. Yo he levantado ese libro-edificio, y no me cambiaría por ellos. 

La foto, cuanto me gusta, es de una biblioteca (parece de la India) que archiva obras escritas en el soporte que era habitual en el Tibet. Libros, la belleza de los libros.

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