martes, octubre 14, 2014

Ya he vuelto


Acabo de llegar de viaje. Me había ido a Zaragoza, dos días, a visitar a mis padres. Tengo muchos emails que contestar, también quiero leer la relatio del sínodo.

En los próximos emails hablaré de Zaragoza quizá y de la relatio tal vez, aunque esto sinceramente no lo sé. Resulta muy aleatorio el tema del que voy a hablar tras la cena. Una mala digestión puede provocar un post terrible.

Pero sí que hay una cosa que quiero completar de mis pasados posts sobre el ébola. Afirmar que las guerras, enfermedades, crisis económicas y disturbios sociales tienen una íntima conexión con la vida moral de los pueblos, es algo repetido infinidad de veces por las Escrituras.

Ahora bien, cosa muy distinta es afirmar que los que mueren y sufren por todas esas causas y otras son culpables. Una cosa es afirmar esa conexión de forma genérica y abstracta, y otra muy distinta juzgar a alguien en particular. Las Escrituras repiten en muchos pasajes como sucede tantas veces que el inocente sufre y muere, y el culpable y el pecador parecen prosperar y estar por encima de todo sufrimiento.


Los sufrimientos personales y colectivos deben ser juzgados a través de los profetas, de Job, de los libros sapienciales, de los salmos y de todo el Nuevo Testamento. Únicamente leyendo la Biblia como una unidad, entenderemos el sentido del sufrimiento y qué nos quiere decir nuestro Padre al permitir la guerra y la peste, el hambre y la persecución.

Nuestra sociedad europea del siglo XXI, sobre todo la europea, ha perdido la capacidad de hacer una lectura teológica de los hechos del mundo. Muchos cristianos han logrado desconectar a Dios del sufrimiento del hombre de un modo teológicamente incorrecto. 

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