lunes, diciembre 15, 2014

Las borlas del galero cardenalicio


Esta pintura de Antonio da Fabriano me parece muy interesante, porque nos muestra de un modo muy detallista cómo debía ser un galero cardenalicio en 1451, fecha de la tabla.

Sabido es que en el lenguaje heráldico los galeros de los purpurados aparecen con borlas. La cuestión que siempre me he preguntado (y como yo más gente) era cuáles eran las dimensiones de esos cordones con borlas y de qué modo caían esas borlas sobre el cardenal. Por ejemplo, ¿caían por delante o por detrás? ¿De algún modo se extendían las borlas al caer? ¿Esas borlas no descompensaban por su peso al galero?

La respuesta no era sencilla, pues los galeros con borlas desaparecieron hace ya siglos. Cierto que se mantuvieron en algunos galeros como los de los arzobispos de Milán y algún otro prelado. Pero permanecían tras una evolución tan artificiosa que no parecían reflejar cualquier uso cotidiano antiguo.

A base de mirar detenidamente muchas pinturas e iluminaciones medievales, esa pregunta ya la tenía más o menos resuelta en mi mente. Pero esta pintura de Fabriano es la que más clara y realísticamente refleja cómo se resuelven todas estas preguntas.

Lo primero que observamos es que el galero contaba con una cinta delante. Si por el peso de las borlas caía hacia atrás, esa cinta impediría que cayera al suelo.

Lo segundo que observamos es que las borlas caían sobre la espalda formando como racimos. No se usaba ningún artificio para que se mostraran extendidas.

Por último, tal como se puede entrever por la forma y dimensiones del galero en la pintura de Fabriano, al principio esas cintas con borlas simplemente constituyeron un adorno del galero. Probablemente todo comentó con dos cintas colgando que acababan en una sola borla cada una. Pero ese ornato fue haciéndose más rico, y así acabaron multiplicándose las borlas que comenzaron a tener un valor simbólico.

Las borlas adquirieron un uso práctico. Pues cuando el galero se dejaba colgar en la espalda, las cintas con borlas se dejaban caer no por la espalda, sino por delante. Así el galero quedaba contrapesado y la cinta no apretaba al cuello. Sin esas borlas colgando por delante, el peso del galero hubiera hecho muy incómoda esa cinta delantera presionando por debajo de la barbilla.


Como se ve, todo tiene su función y su razón de ser en una insignia cardenalicia que se mantuvo durante mil años.

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