domingo, diciembre 21, 2014

Notre Dame, más de Notre Dame



















Os preguntaréis por qué me gustó más la abadía de Westminster en Londres (que me entusiasmó con ardor) que la catedral de Notre Dame en París (que simplemente me gustó). La razón es muy simple: la abadía inglesa no ha pasado por la Revolución Francesa. El interior de la catedral parisina fue brutalmente barbarizado por aquellos discípulos de la diosa Razón.

Además, la abadía inglesa durante siglos explosionó en una floración de capillas y construcciones aledañas. Esa feliz construcción continua no pudo ser en la catedral encajonada por la ciudad. La abadía era un monasterio rodeado de terrenos pertenecientes a los monjes. La catedral estaba rodeada de casas particulares que impidieron su crecimiento.

Además, los bárbaros revolucionarios siempre han sentido fruición por abrir tumbas en busca de coronas y joyas. La ignorancia del bárbaro (ínsita en toda revolución) les lleva a pensar que en los sepulcros de monjes y obispos encontrarán tesoros sin cuento. 

Después que han pasado esos buscadores de cetros, los sepulcros medievales, las estatuas renacentistas, las lápidas antiquísimas dejadas caer al suelo con todo su peso, peso de centenares de kilos, quedan completamente destrozadas.

La Revolución Francesa fue como una revolución de talibanes enloquecidos cuyo único fruto positivo fue el primer capítulo de Los Miserables, el del obispo Myriel.

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