sábado, diciembre 20, 2014

París y Zaragoza



Después de la catedral, lo que más me gustó en este viaje fue el museo que mencioné ayer. Cuando escribí mi libro Neovaticano http://bibliotecaforteniana.blogspot.com.es/ , el gran scriptorium de la Curia Romana me lo imaginaba exactamente como ese museo. Cuando, por fin, tras tantos años de imaginármelo, pude pasear por las salas de ese museo, sentí que mi idea era en la realidad incluso más bonita de lo que había pensado. 

Al caminar por esas salas, le comentaba a mi acompañante: La envidia que le voy a dar al arquitecto del obispado cuando le enseñe las fotos de este museo de arquitectura. Y en parte disfrutaba por lo que veía y en parte por la envidia que sabía que le daría.

Pero entre todas las cosas que me encontré en París, sin duda aquella que me resultó más agradable (y casi entrañable), fue el encuentro de una fiel lectora.

La catedral de París, por supuesto, es más que El Pilar de Zaragoza. Y eso que Zaragoza es el París de Aragón. Pero la vida de oración que hay en la basílica zaragozana no tiene nada que ver con la catedral gala. El Pilar recibe más visitantes (sí, más), y es un lugar de oración. Se necesitaría que un prelado supiera organizar las cosas para satisfacer al turismo y al ambiente de oración de debe existir en una catedral. 

Bastaría con abrir la mitad de la catedral al turismo y la otra mitad a la oración. Dotando a esta mitad de una rica vida litúrgica. Se puede, incluso, dividir longitudinalmente el templo, para que los turistas puedan acceder hasta el ábside. Pero que en la otra mitad haya novenas, horas canónicas, predicaciones, una impresionante custodia sobre el altar central, etc. 

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