jueves, diciembre 25, 2014

Una sugerencia para mejorar las predicaciones: el Visitador



















Hoy mis padres han ido a misa. No voy a decir a qué iglesia ni con qué cura. Pero cuando han llegado, les he preguntado: ¿Qué tal la misa? El cura, un rollo, ha contestado mi madre. Malo y largo, ha añadido. Compadezco al predicador, porque satisfacer a mi madre no es tarea precisamente fácil. Sin duda encontraría peros al mismo San Pedro o al mismo San Juan si los escuchara.

Pero su comentario (aunque probablemente cruel y caprichoso) me ha llevado a hacer la siguiente sugerencia a todos los curas que me estén leyendo. Por qué no crear en cada diócesis la figura de una persona que cada domingo escuchase un sermón en una parroquia distinta. Esa persona después le diría en una carta al interesado cuáles cree que son los defectos de los que adolece su sermón.

Esta persona no sería un espía al servicio del obispo. La carta se la enviaría al sacerdote. Esa crítica no tendría otro sentido que ser un servicio para los sacerdotes.

Los arciprestes podrían sugerir a los curas de su arciprestazgo el pasar por esta especie de beneficiosa auditoría. Se podría hacer de común acuerdo. Poniéndose también de acuerdo en cual podría ser el perfil de la persona que les enviaría los informes a cada uno. Aunque la identidad y la fecha en la que les haría una visita, tendría que ser desconocida. Por supuesto, si algún cura no estuviese de acuerdo, podría quedar fuera de esa visita.

El VISITADOR podría ser un laico de gran vida espiritual. Incluso podría ir junto a su esposa, y así serían dos personas las que darían su opinión por escrito al sacerdote. Conozco a infinidad de laicos preparadísimos de notable vida interior que estarían encantados de hacer este servicio totalmente gratis, sin cobrar ni siquiera la gasolina para el desplazamiento.


Por supuesto que habrá sacerdotes que dirán que un juicio sobre un sermón es algo muy subjetivo. Y tienen razón. Pero estas dos personas sólo se fijarían en si existe un defecto objetivo. Y si dos personas o cuatro coinciden en algo, lo normal es que ese párroco comience a dudar acerca de si no tendrán razón.

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