jueves, diciembre 18, 2014

Vengo de París


Acabo de venir de París. De París de Francia, porque hay otro en Illinois, un tercero en Canadá, un cuarto en Texas y un quinto París en Tenessee. Pero yo vengo del París de Moulin Rouge (2001) y el inspector Clouseau. (No es cierto que exista una población llamada Hitler en Milwaukee, tal como se dice en Los Simpsons.)

Yo iba en este viaje a confirmar que es la ciudad más bella del mundo. Pero reconozco que, aunque preciosa, la corona la tiene que compartir con Roma, Londres y Nueva York. Y de las tres, y las conozco bien, me quedo con Roma. Esto lo mantendría con vehemencia aunque yo fuera un condenado calvinista.

De París lo que más me gusta evidentemente es la catedral de Notre Dame, el auténtico corazón de la capital. Allí he hecho mis ratos de oración, he rezado mis horas canónicas, he paseado, he imaginado y he gozado como sólo puede gozar un catedralófilo como yo.


París es bien conocida por tener a los habitantes más antipáticos del mundo. Pero de eso seguiré hablando mañana. París bien vale tres posts.

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