lunes, enero 19, 2015

Consejos a un nuevo obispo


Desgrano aquí una serie de consejos para un obispo, once sugerencias en total. No son los consejos más importantes que se le pueden dar a un prelado, sino una serie de consejos desconexos entre sí y, encima, consejos muy opinables.

1.   Organiza a los laicos para que en la catedral se recen con esplendor las horas canónicas cada día.

2.   Que el clero y los trabajadores de la curia (si están lejos de la catedral) recen al menos la hora de sexta en la capilla con una gran liturgia, breve pero lo más esplendorosa posible.

3.   Que en la catedral se celebre, al menos, una vez a la semana un gran pontifical, sea quien sea que lo presida. Y que cada día haya una especie de gran misa mayor donde la belleza del culto y la abundancia de acólitos exprese el deseo de glorificar a Dios del modo más fastuoso posible.

4.   Que en la catedral siempre haya un confesor a cualquier hora. Que el confesor se halle dentro del confesonario, no sentado en un banco.

5.   Lograr que en cada una de las parroquias de la diócesis haya un cartel en que se diga cual es el horario de confesiones (en que el sacerdote esté dentro el confesionario) y el horario en que está abierto el templo. Y que esos datos estén en una única web diocesan para que cualquier fiel pueda consultar esos datos y los horarios de misas desde su casa.

6.   Sería muy de desear que el obispo use lo menos posible su capilla privada para hacer su rato de oración personal por la mañana y por la tarde, y que ese tiempo lo haga en la catedral, para edificación de todos sus fieles. Nada edificaría más a todos los fieles que ver rezar a su obispo todos los días, al amanecer y antes de la hora de la cena. El obispo ante el sagrario puede sentarse en un banco como uno más, o disponer una sede, con un reclinatorio y una mesita para leer y escribir si lo desea.

7.   Cada día sería bueno que cada tres días (al menos) el obispo quedara con un sacerdote de su diócesis. Con el único propósito de comer con él, pasear, charlar y conocerse.

8.   Celebrar cada sábado y cada domingo en una parroquia distinta. Mantener esta regla sin excepción año tras año.

9.   Escoger cuidadosamente a los arciprestes con la idea de que se queden indefinidamente en el cargo. Sacerdotes prestigiosos, venerables y santos a los que se les otorgara capacidad de decisión. De manera que los arciprestes fueran, en verdad, un gran desahogo del trabajo del obispo

10.                 Aconsejaría al obispo que paseara mucho por la ciudad. Es un modo muy sano de hacer ejercicio. Pero si el obispo y dos sacerdotes pasean con sotana por la ciudad, durante tres cuartos de hora, al menos 200 días del año, puedo asegurar que será el ciudadano más conocido y presente de la toda la población. Una figura que se hará cercana y conocida por todos, creyentes y no creyentes.

11.                 Recibir a cuantos menos feligreses sea posible. Los feligreses deben ser atendidos por los arciprestes y los vicarios episcopales. Normalmente, el obispo ni tendrá toda la información para tomar decisiones cuando reciba una visita y perderá mucho tiempo con gente problemática. El obispo a quien debe recibir es al clero. Recibir a todo el que pide una visita, suele ser una forma de perder el tiempo en vano.

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