sábado, enero 03, 2015

La decoración del salón del discurso del Rey II

El belén del discurso del Rey. Qué diremos de ese belén. Una cosa está clara: no había unas figurillas más baratas en todo el comercio chino en el que entró el conserje de palacio.

Resulta evidente que haber colocado unas figuras que hubieran sido obras de arte, no le hubiera costado nada al erario del Estado. Sólo había que haber echado mano de las que estaban en Zarzuela en años pasados, eso sin considerar las que se guardan en museos de Patrimonio Nacional o que varios artistas hubieran estado encantados de prestar figuras magníficas.

Pero no, había que tirar de pobretonería. Como dijo una vez uno: Se gasta lo que sea con tal de parecer pobre.

El belén era más pequeño, estaba más a un lado, era más feo, apareció menos en pantalla. Seguro que fue por casualidad. Todo es por casualidad, pero que casualidad que las casualidades siempre vayan contra lo mismo.

También por casualidad, fruto de tantas casualidades, dentro de poco, acabará desapareciendo la crucecita de encima de la corona.

Toda esta pobretonería y miseria estética no tiene nada que ver con la aparición que hizo Isabel II en la BBC. Apareció con poderío, por supuesto en un marco regio, y, además, hablo de Jesucristo de forma explícita y sin complejos. Toma jeroma.

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