viernes, enero 16, 2015

Ya he venido de Brasil


He estado predicando en Sao Leopoldo en el sur del país, en Juiz de Fora a dos horas de carretera de Río de Janeiro, y en Franca más al interior del país. Brasil, gran nación que es un océano de tierras, prados y selvas, habitado por gentes tranquilas, felices y dulces.

En este viaje he atravesado la formidable sierra que hay entre la costa y Minas Gerais, me he mareado, he padecido un día de diarrea, he probado la magnífica carne que sólo se encuentra en sur de América, me ha edificado el fervor de gente, he pasado calor, he participado en misas de cuatro mil y cinco mile personas que cantaban, se movían, alzaban los brazos y estaban felices en esas misas que duraban horas y horas.


El choque ha sido radical con un Madrid frío, nublado y con pronóstico de nevadas. En el vuelo de regreso, el Señor ha colocado a mi lado un encantador compañero de viaje que se dedica a ser consejero de entidades financieras. Con él, el viaje fue mucho más agradable. 

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