miércoles, febrero 04, 2015

La belleza de la caligrafía

 En las semanas pasadas fui a visitar a una señora de Guinea Ecuatorial que estaba ingresada en el hospital. Cuando entré la saludé en idioma fan, una de las lenguas africanas de ese país. La señora se quedó extrañadísima y después le entró la risa.
Llevábamos varios días sin podernos entender. Ella no hablaba ninguna lengua europea y yo no todavía no acabo de soltarme en ningún idioma africano. Así que le dije al hijo fuera de la habitación: tradúceme estoy y enséñame a pronunciarlo que quiero darle una sorpresa a tu madre.

Lo que no podía imaginarme era que esa dichosa lengua fuera tan complicada de pronunciar. Yo pensaba, al principio, contarle un chiste en su lengua. Pero me conformé con decirle: ¿Qué tal está? Y he conocido a su hijo. Y aun eso me llevó un rato. ¡Pero qué lengua tan complicada!

Lo ideal, lo más racional, hubiera sido que toda África hubiese adoptado el español como lengua común. Cuántas ventajas se hubieran derivado de esa medida. 

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