lunes, febrero 23, 2015

Paz en las almas


Hoy he tenido una larga conversación con un amigo sobre las estructuras de la Iglesia. Este amigo mío es muy tradicional (misa en latín, gusto por lo antiguo, etc), pero comparte conmigo y con el Papa que la ortodoxia de la fe católica no es sinónimo de petrificación. La ortodoxia marca unas fronteras entre lo aceptable y lo inaceptable que son líneas lógicas, no caprichosas.

¿Qué es lo ortodoxo? Lo que marque la propia lógica interna de la racionalidad de la fe. No podemos querer ser más católicos que Dios. Hay una evolución fiel y un progresismo que traiciona los pilares de la fe.

Para el botarate de turno que dirige un programa de debate en televisión estas diferencias son inexistentes. Pero para los guardianes de la fe (Congregación para la Doctrina de la Fe) las fronteras están claras. Y si en algún punto no estuvieran claras  en el futuro, para eso están los concilios, la reflexión serena de los teólogos, la acción del Espíritu Santo a través de las sabias palabras de los santos.


Tengo plena confianza en la Iglesia y no, precisamente, por no conocer el elemento humano que la compone. Pero veo lo humano y percibo la acción del Espíritu Santo. Por eso estoy muy tranquilo. Como un niño que descansa en el seno de su madre.

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