miércoles, febrero 25, 2015

Resumen del debate sobre el estado de la nación en el congreso


Todos los ciudadanos nos hemos conmovido con un arranque de sentimiento maternal al ver al diputado Joan Baldoví a punto de desvanecerse en el debate del estado de la nación en el Congreso. Que se te descompense la tensión justo cuando tienes a toda la nación mirándote, resulta lamentable. Quizá a los diputados de esta coalición política se les descompensaría menos la tensión si defendieran más la vida y menos el aborto.

Pero lo más gracioso de todo, incomparablemente más que este desvanecimiento, ha sido el susto de la vicepresidenta del Congreso. Claro, debía estar tan abstraída de todo con el juego de su tablet, que al ver de pronto que un diputado casi caía exánime a sus pies, pues que se ha asustado, lógico: Por favor, sientalo ahí, ¡sientalosientalosientalo!

El diputado sin fuerzas para mantenerse en pie me ha parecido que en todo momento mantenía la dignidad. Pero ver las angustias de Celia Villalobos tratándolo de agarrar de la americana, me ha parecido más penoso que si el diputado se hubiera caído desde lo alto de la tribuna hacia delante sobre los taquígrafos. El que ella sea una célebra abortista no empaña para nada la serenidad de mi ánimo.
 
Cualquier cura viejo no se hubiera inmutado lo más mínimo. Hubiera ido con un vasito de moscatel y hubiera pedido un abanico. Anda que no estamos ya hechos a este tipo de situaciones. La cara de la bajada de tensión de nuestras feligresas la conocemos de sobra, tan bien como cualquier médico de Harvard.
 
Se ha acercado la Ministra de Fomento porque es médica. Lo que hubiera preocupado a este diputado es que abriera los ojos y hubiera visto acercarse al Ministro de Defensa. 

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