viernes, marzo 06, 2015

El buen paño en el arca se vende


Hoy he encontrado un pasaje de El nombre de la Rosa que merece cierto comentario. Al final de la novela se dice que Jorge de Burgos
con sus manos descarnadas y traslúcidas empezó a desgarrar lentamente, en trozos y en tiras, las blandas páginas del manuscrito, y a meterse los jirones en la boca, masticando lentamente.

Hace años, un calígrafo de Roma me regaló unas cuantas tiras de pergamino. Eso me sirvió para hacer muchas pruebas con él: pruebas de resistencia al rasgado, al doblado reiterado, al agua, etc.

Y puedo decir con conocimiento de causa que, por fino que sea el pergamino, no resulta nada fácil rasgarlo. Al fin y al cabo es piel de vaca o ternero. Y rasgarlo en tiras sin instrumentos resulta verdaderamente arduo.
Durante años yo había visto y hasta tocado pergaminos en las bibliotecas de distintos monasterios, pero (por razones obvias) nunca había tratado de romperlos. Sólo al hacerlo con los trozos que ese calígrafo me dio, vi lo resistente que resulta ese material. No nos olvidemos que es un tipo de cuero. Así que la escena de la novela es bellísima, pero Jorge sólo pudo masticar esos jirones, pero no tragar esos trozos de cuero.

Si la escena culminante de la película no es del todo veraz, mucho me temo que vamos a tener que empezar a poner en duda las críticas a la Iglesia que se hacen en la obra. Si alguno me acusa de que esto es barrer para casa, le contestaré que sí, que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, no voy a dejar de perder oportunidad alguna.

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