martes, marzo 24, 2015

Ritos, rituales, liturgias


No pocas veces aquí he dejado constancia de lo mucho que me gustan las liturgias orientales. Ahora bien, sentimentalmente me siento una sola cosa con el rito latino. Las excursiones por otros ritos católicos me han hecho comprender y amar más el mío propio.

Mi formación, mi sentimiento, mi historia, mi amor por el gregoriano, por la polifonía, todo confluye al unísono para que yo ame el rito romano. Rito éste que, a veces, lo vivo (imaginariamente) como algo gótico, medieval, occidental; a veces, como algo primitivo, perteneciente a las primeros siglos, a las basílicas antiguas; a veces, no me resulta difícil imaginarme ese rito celebrado por los jesuitas de las misiones del Paraguay, o a los monjes de Cluny.

En el rito romano de la misa, me siento conectado a todas las épocas, unido a toda la universalidad de las regiones del orbe. Incluso las vestiduras litúrgicas que más me gustan son las occidentales. No hago de menos a nadie, simplemente dejo constancia de que entre todos los ritos hay uno que toca incomparablemente más mi corazón y en el que mi mente se siente más a gusto para contemplar las verdades divinas.

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