miércoles, abril 01, 2015

El ajedrez eclesial


Una cosa es el alma y otra la Iglesia. Obedecer, aceptar la realidad, mostrar respeto hacia el orden episcopal en la Iglesia es algo muy bueno para el alma: bueno, provechoso y edificante.

Ahora bien, para un jugador de ajedrez como yo (siempre después de la cena) está claro que no da lo mismo un movimiento de fichas que otro. Cada movimiento tiene efectos. Cada estrategia conlleva consecuencias.
Dejando aparte aquellos que no tienen estrategia ninguna, que los hay, lo normal es tener un cierto plan a largo plazo. Y esos planes, esos propósitos, llevan a lugares distintos.

Lejos de mí el pensar que da lo mismo lo que se haga en el gobierno de Iglesia porque, al final, Dios lo arregla todo. Dios interviene cuando quiere, como quiere y en la medida que quiere.


La Historia de la Iglesia hubiera sido radicalmente distinta de haberse tomado otras decisiones, otras medidas, otras estrategias. Todos los males eclesiales que padecemos ahora son resultado de malas decisiones. 

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