martes, abril 28, 2015

Otro punto menos para la monarquía


Iba a hablar de mi doctorado, pero no quiero dejar pasar el tiempo antes de hacer un comentario respecto al funeral de Barcelona por las muertes del vuelo de Germanwings.

Como bien saben todos los que vayan al Palacio de la Zarzuela o los que hayan recibido una visita de los reyes, los encargados de protocolo dejan bien claro a los recibidos o a los que reciben hasta los más pequeños detalles de una recepción en la que participen los reyes. Son muy meticulosos y exigen que todo se haga a la perfección, y hacen muy bien porque creen en la dignidad de la institución a la que representan.

Pues bien, como se puede observar en las fotos, cuando los reyes avanzaban por el pasillo central hacia su sitio en el banco, ellos, Felipe y Leticia, iban delante y el arzobispo detrás. Eso es un grave error de protocolo y no pienso que haya sido inadvertido, sino voluntario, para dar mayor centralidad a los reyes.

Cuando un rey entra en una catedral y es recibido por el obispo en la puerta, por humilde que éste sea, el obispo y el monarca avanzan a la par. ¿Por qué? Porque el obispo le recibe en su casa. Y cuando uno entra en la casa de otra persona, el anfitrión va a la par, no le sigue detrás.

Obsérvese que cuando el rey ha visitado cualquier institución (por ejemplo una universidad) y es recibido, el anfitrión va a su lado, no le sigue. Si el rey y la reina no caben con el arzobispo en el pasillo, la reina debe colocarse detrás del rey para que este camine con el anfitrión. Este detalle, sin duda, no se le pasó por alto a Felipe (que es un profesional del protocolo) y aún así decidió ir por delante y que el arzobispo le siguiera. Eso, sin duda, no lo ha hecho con otras instituciones. Otro punto menos para la monarquía, y ya llevamos cuatrocientos puntos negativos en relación a su trato de la Iglesia.

Una vez Gallardón (el ex ministro) vino a visitar la iglesia de Extremera de forma oficial e me hizo lo mismo que al arzobispo: me dejó atrás y siguió con el alcalde hacia delante sin esperarme. Así que yo no lo seguí. Me quedé plantado en la puerta charlando con la sacristana. Ellos esperaban que les siguiera como un pobre guía obsequioso. Cuando un minuto después necesitaron una llave para que les enseñara el órgano, vinieron corriendo a llamarme.


Entonces fui sin entusiasmo, a paso bien lento (tuvieron que esperar) y dejando bien claro que le estaba haciendo un favor. Entonces me callé, pero ahora le hubiera dicho bien claro sin alterarme lo más mínimo: Cuando el anfitrión de una casa le reciba amablemente en la puerta no haga ese desprecio.

Qué fácilmente la monarquía se podría haber ganado el cariño de todos los católicos desde los tiempos de su padre. Pero no han querido tener ni el más mínimo detalle. Cuando la monarquía caiga, los católicos no derramaremos ni una sola lágrima.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada