domingo, mayo 03, 2015

El final de la historia comenzada ayer









En la foto aparecen los hijos de Bormann, del que hablaba ayer, en la celebración, supongo, de la primera misa del hermano sacerdote. Sus rostros (con rasgos familiares clarísimos) denotan recogimiento, impresión ante lo sagrado.

Pero esta bonita historia no acaba aquí. Martin Adolf Bormann, tras un largo servicio como misionero en África, abandonaría el sacerdocio y se casaría. Incluso tendría que soportar la acusación de pedofilia que una persona le hizo.

Por supuesto que no juzgo a Martin Adolf, entre otras cosas porque murió sin que se celebrara juicio. Y una sola acusación de una sola persona no implica necesariamente su culpabilidad. Pero esta historia tiene su moraleja, más compleja que si la hubiera interrumpido ayer.

La iglesia alemana mantuvo su fe y su devoción de un modo heroico y tenaz, a costa de inmensos sacrificios desde la época de Bismarck. Pero esa iglesia gloriosa no pudo resistir la secularización de la época del postconcilio. Lo que no pudieron ni persecuciones ni gobernantes ni leyes, lo pudieron los teólogos-vándalos.


Muchas veces he manifestado mi entusiasmo por el Vaticano II. Pero lo que, de hecho, ocurrió después del Concilio, en muchos casos, muchos, fue destrucción pura y llana. La historia de este sacerdote es compleja como la vida misma, pero no exenta de enseñanzas.

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