viernes, mayo 01, 2015

El polvo de los libros y la acumulación de tesis en los archivos












A propósito de mi doctorado, diré que una de las cosas que pensé en mi estancia en Roma es que todo el sistema universitario eclesiástico de esa ciudad podría ser reformado según el modelo de los college de Oxford. Cosa que si se hiciera, tendría consecuencias en toda la Iglesia dado que allí estudian los que van a ser profesores de todos los sacerdotes, miembros de las curias diocesanas y obispos.

Es decir, los colegios romanos deberían ser lugares con una estética tan cuidada como la de los college de Oxford y Cambridge. Con sus rituales y protocolos, para que los que estudian allí captaran la importancia y trascendencia de aprovechar tres o cuatro años en Roma. Sólo esos años, la estancia en Roma por estudios no debe convertirse en una merma del trabajo posterior ni en un fin en sí mismo.

Esos colegios tendrían sus horas de oración y sus horas canónicas. Esas residencias pasarían a ser verdaderas escuelas de espiritualidad. Si un clérigo va a estudiar a Roma, sabrá que en Roma además de los estudios debe vivir en uno de esos centros de oración. Las horas canónicas se celebrarían con toda solemnidad en las iglesias abiertas al público.

Los rectores de esas residencias eclesiásticas serían escogidos cuidadosamente para ejercer esta función espiritual de modo bondadoso, paternal, pero con la conciencia clara de que una estancia en Roma debe cambiar a mejor a los que llegan.

Los profesores deberían ser escogidos y formados para transmitir el gozo de aprender. No siempre el que más sabe es el mejor profesor. Este nuevo tipo de profesor no sólo transmitiría conocimientos, sino que uniría en sus clases la docencia y la espiritualidad.

La película The Emperor´s Club es un buen ejemplo de la diferencia entre un profesor y un estupendo profesor. La reforma de los colegios romanos buscaría no estar esperando a que surjan magníficos profesores, sino poner todos los esfuerzos en que encontrarlos, formarlos e iniciar toda una nueva manera de enseñar la Ciencia de Dios.

Esas personas que serían los mejores profesores del mundo existen. Pero hay que encontrarlos. Y una vez que se forme toda una escuela que demuestre que hay otro modo de enseñar y otro modo de dar posada a los doctorandos, comprobaremos que las buenas ideas son difusivas por sí mismas. Cuantas cosas se pensaron que eran imposibles hasta que alguien con empeño y ganas se puso manos a la obra.

Os dejo la banda sonora de esa película. No es formidable, pero a los hayáis visto la película, os traerá recuerdos:

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