sábado, mayo 02, 2015

En la foto el nuncio del Papa con el ministro de asuntos exteriores


El nazismo y el posterior juicio divino no deja de sorprenderme. Martín Bormann era el secretario privado de Adolf Hitler. Bormann era un fanático cruel que ni siquiera bautizó a sus hijos, dado que él creía de corazón en esa fe satánica que era el nazismo. Me he quedado admirado hasta la emoción al saber que seis de los diez hijos de Martín Bormann, después de la guerra, se convirtieron al catolicismo.

Esta noticia me ha dejado sorprendido. ¿Qué hubiera pensado Hitler y todos sus secuaces si hubieran sabido que esos niños que veían corretear por El nido de las águilas iban a convertirse al cristianismo y que uno llegaría a ser sacerdote incluso.


El postnazismo está lleno de enseñanzas. En unos casos, el castigo de Dios lisa y llánamente. En otros casos, hijos cambiándose el apellido de su padre o bautizándose. Algunos jóvenes de hoy que sienten atracción por ese mundo oscuro conocen las fotos gloriosas, las que muestran a esos jerarcas en el ápice del poder. Pero desconocen tantas otras fotos que muestran la humillación, el justo castigo de Dios. El final de esos jerarcas muestra cual era el final del camino, de un camino alejado de la Ley de Dios.

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