sábado, mayo 23, 2015

Subir y bajar por las escaleras de las líneas


Al final, mi vida  ha sido una vida dedicada a la literatura. Dedicada a bucear en los abismos, paseando por el Apocalipsis, construyendo grandiosas liturgias sobre el papel, imaginando historias y más historias que se superponen y combinan. Todo ello en medio de una nube abundante de consejos de espiritualidad.

Sí, permitidme estas palabras casi de despedida de la existencia. Aunque en realidad, desde los 40 años, todas mis palabras han sido una larga despedida de la vida.

Casi como si estuviera en mi lecho de muerte, me animo a deciros que mi vida ha sido maravillosa, irrepetible como la de todo ser humano. También la tuya. La mía estuvo consagrada a levantar esos mundos literarios: ha valido la pena. Esos rostros de los lectores mexicanos que saludé, sus palabras, su emoción, sus manos que estrechaban las mías eran la prueba. Manos amables que estrechaban mis manos, las manos de las que han salido esos mundos.


Cuando muera, el que quiera recorrer todas las estancias del edificio de mis escritos tendrá muchos pisos por los que subir y bajar. Subir y bajar. Una y otra vez, hasta que la última línea sea escrita.

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