miércoles, mayo 06, 2015

Una conversación telefónica













Para el libro que llevo escribiendo ya bastantes meses, necesitaba un detalle sobre como se escribían los papiros del siglo I que por mí mismo no podía encontrar. Había consultado a un profesor del Biblicum, pero se trataba de un detalle que superó a ese profesor. Pero dos años después de esa consulta, ayer, en una charla telefónica con una agradable y erudita profesora de Historia Antigua pude comprobar como cuando se sabe, se sabe. 

Le formulé la pregunta y sin ninguna dificultad obtuve la respuesta y me envió los datos para comprobar que su respuesta era la verdadera. Impresionante. Os aseguro que la cuestión (que saldrá en mi novela) era de esas que sólo se saben responder si uno lleva una vida dedicado a la especialización histórica. Cuando se sabe, se sabe. Y cuando no se sabe, todo es especulación e imaginación.


Qué formidable es comprobar que hay personas que saben tanto sobre aspectos tan pequeños de la historia, la teología, la lógica, la química o las matemáticas. No pongo aquí el nombre de esa profesora, porque nunca menciono la conversación privada de alguien conmigo sin su permiso. Pero dejo que otros admiren a los que meten goles, a los que pegan muchos tiros en las películas, a los personajes del corazón (sin duda dotados de muchos méritos), pero mi admiración va hacia personas como ella que lo que han conseguido trabajando calladamente y como hormigas es esa riqueza invisible llamada conocimiento.

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