lunes, junio 15, 2015

Cuando uno se empeña en no hacer caso a todos los economistas del mundo



















¿Puede haber algo en el universo con menos misterio que la trama de Jurassic Park XXIII?  Creo que no. Lo gracioso sería que la vigesimoquinta secuela de Jurassic Park fuera una obra de arte y ensayo tipo 2001, Odisea del Espacio.

Otra cosa sin misterio es cómo van a acabar las arcas de Grecia. Lo que me indigna es que porque Tsipras y Varoufakis jueguen a chicos progresistas y transgresores, cuando las cuentas de los platos rotos las van a pagar la pobre gente de abajo. Especialmente Varoufakis no tiene de qué preocuparse, aunque todo el país se hunda, a él la inundación no le alcanzará. Se va al extranjero y asunto concluido: hice todo lo que pude y tal y adiós.

Lo terrible será cuando, por ejemplo, la sanidad pública les tenga que decir a tal o cual persona que lo sienten, pero que no hay dinero. Y que ese drama se multiplique por millares. Y mientras tanto jugando al progresismo y sabiendo que el tiempo se agota sin haber tomado las dolorosas pero necesarias decisiones. Decisiones que se pueden postergar sólo algo más antes de que lleguen las líneas rojas que marcarán el límite de lo que ya no admite aplazamiento ninguno.

Grecia necesita de forma absoluta una serie de dolorosas reformas y sus gobernantes no han hecho nada más que correr en dirección contraria. Al revés, hasta se han dado el lujo de aprobar medidas justo en la dirección contraria. Sabiendo que se acababa el agua dentro del barco, han invitado a una ración más a todo el mundo. El Podemismo debe pensar que en las cuentas la relación entre entradas y salidas no va con ellos. Yo estoy por encima de esas cosas, debe pensar. Pero las cuentas son tan claras, tan alarmantes, que quizá lo que hay que empezar a pensar es que el proyecto real que tienen en mente es en establecer un régimen bolivariano en Grecia. Si no, no se entiende.


En otros posts ya he dado los números concretos de los que hablo. Esto es un choque de locomotoras anunciado. O mejor dicho, el choque de una locomotora contra el duro peñasco de la realidad. Se lo han anunciado miles de veces que el choque va a ser brutal. 

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