miércoles, junio 10, 2015

El Poema del Hombre-Dios, esa obra que leo y releo

Antes de ayer estuve leyendo, en un capítulo de El Poema del Hombre-Dios de María Valtorta, la parte en la que Jesús habla con la madre de Judas Iscariote pocos meses antes de morir. Incluso para alguien que se dedica a escribir como yo, me resulta impresionante la cantidad de matices y detalles que tiene una escena como ésa. Las medidas que Jesús tomó respecto a esa mujer son de un amor que no se puede describir. Nunca se me pasó por la cabeza que Jesús tuviera en cuenta el sufrimiento de esa seguidora suya, que se preocupara tanto y que dejara las cosas tan atadas para atenuar al máximo su dolor y su sensación de rechazo.

No os revelo gran cosa si os digo que le prohibió a esa madre ir a Jerusalén ese año a celebrar la Pascua, le ordenó con la mayor de las solemnidades (pocas veces lo hacía) que ese año estuviera en una determinada localidad (no la suya donde vivía) y con una determinada familia. Y posteriormente, antes de la Pasión, encargó a su madre, la Virgen María, que tomara bajo su más especial cuidado a la madre de Judas, que la acompañase y consolase.


Todas esas conversaciones son impresionantes en el sentido más propio de la palabra. El Poema del Hombre-Dios es un libro de detalles, todos ellos magníficamente descritos. ¡De cuántas cosas tomó cuidado el Mesías durante los meses previos a la Pasión! De muchas, pero los detalles, todos, los que toma respecto a la madre del Nuevo Caín son una de las partes que más me tocan el corazón. 

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