viernes, junio 26, 2015

Pequeñas cosas


Me he acordado hoy (y tantos días) de don Felipe Taravillo que tantos años fue el párroco de Loeches. Vecino de mi parroquia con el compartí diez años de arciprestazgo. Cómo lo quería a este anciano sacerdote. Siempre con sotana, siempre alegre, siempre bromista. Era el buen humor personificado, un alma que desbordaba juventud y, al mismo tiempo, venerabilidad. Me acuero de él con frecuencia. Le quise en vida y todavía le tengo más cariño después de muerto.

Me acuerdo de Carlos Bordallo. Fui muy amigo de él. Murió en la mitad de la vida. Un alma llena de bondad. Me acuerdo de José Antonio Navarro el canciller. Compartí más de medio centenar de comidas con él en el obispado.


Aristarco, don Víctor, Tomás, Enrique. Más vale que no siga haciendo recuento de compañeros con los que compartí horas y que ya no están entre nosotros. Tantas personas que piensas que están ahí y que siempre estarán ahí. Pero que un día dejan de estar. De qué pequeñas cosas nos preocupamos.

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