lunes, julio 06, 2015

La Mano de Dios


Una de las cosas buenas de ser Dios es que nunca tengo que hacer fanfarronadas, nunca tengo que alardear. Es lo que tiene la omnipotencia.

No importa si tú trabajas mucho, si te mueves mucho, si te esfuerzas mucho: al final se hará lo que YO haya decidido. Al final, importa más tenerme contento que todo lo que tú puedas hacer.

Soy YO el que decido y mi decisión es perfecta, definitiva e inapelable. He decretado la fecha de la caída de imperios que ni siquiera han nacido, he sentenciado la muerte de terribles e insaciables tiranos antes de que vean la luz del día, he decidido que algunos que no son nada tengan el poder absoluto durante toda su vida. Mío es el ascenso y mía la caída. Nadie podrá resistir mi decisión.

Mis sentencias son maravillosas y terribles. Unos llorarán de gozo, otros de rabia. Unos se retorcerán de dolor y otros caerán de rodillas alabando mis justos designios. Entiéndelo humano, sólo ves las apariencias, lo externo, el Teatro del Mundo. Cuánto te preocupas de las vanidades que se mueven sobre la superficie de la tierra. Si supieras, sólo te preocuparías de tenerme contento.

Es mi dedo el que decide. Señalo, y los más sólidos tronos caen. Elevo mi mano y nueva era comienza para los hombres. Por mi querer verdean las selvas y el desierto es abrasado por el sol. YO contengo los monstruos, YO suelto los guerreros invencibles. Invencibles no por ellos mismos, sino simplemente porque así lo quiero. Pero el que quiero es caudillo invencible y morirá en la cama de viejo. Mía es la venganza. Mía la condena perpetua, la condena a muerte y la condena eterna.

YO perdono y YO digo: ya no hay perdón. Hago surgir del suelo las torres de las catedrales y veo caer mis templos, veo como matan a mis sacerdotes y como enarbolan la bandera de la iniquidad. Cuando se es omnipotente, nada te turba. Comprended, hijos de los hombres, que entre la más horrorosa derrota y la más increíble y arrolladora victoria sólo media mi voluntad.


No tardo en hacer las cosas. Nunca me he retrasado. A veces os desesperáis, a veces os pruebo, a veces llevo vuestra paciencia al límite, y entonces envío un profeta que exclama: ¡Mirad el poder de Dios!

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