martes, julio 07, 2015

Pensamientos de un escritor por la noche


Siempre que me pongo a escribir, soy consciente de que en Dios ya están presentes todos los libros posibles. Acabados desde la primera línea hasta la última. Un solo acto de su voluntad y aparecería una librería con trescientos setenta y cinco obras que sería el fruto de toda una vida dedicada infatigablemente a producir esas líneas.

Siempre que me siento en la mesa a producir páginas, soy consciente de que quizá de mi producción no se salve ni un solo fragmento. Hay muchos eventos apocalípticos posibles entre mi muerte y los próximos doscientos años.

Siempre que pienso en mi próxima obra, en mi próxima línea, soy consciente de dos hechos: que quizá ni una página de mi trabajo sobreviva y de que todo ya está escrito.

En este sentido, sinceramente, me siento como un escritor al borde de dos abismos. El abismo de la Omnisciencia Divina y el abismo del olvido perfecto. Escrito entre un ya está todo y un no queda nada. Me gustaría pensar que he madurado como escritor. Me gustaría volcar ese paso del tiempo en mi próxima biografía, breve, esencial y ajena a cualquier contaminación de la soberbia, ajena a cualquier optimismo que no sea teológico.


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