jueves, julio 02, 2015

Un hecho llamativo y bello


Una de las cosas que más me impresionan en mis viajes y conferencias es que, cuando se me acerca una madre, ella no suele pedir nada para sí. Siempre me piden oraciones por su marido, por sus hijos, por su salud, por el bien de sus almas. Esto es algo muy impresionante. Los hombres, los jóvenes, suelen pedir cosas para ellos mismos: estudios, trabajo, enfermedades. Pero las madres no piden nada para ellas mismas.

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